lunes, 15 de septiembre de 2008

Daniel Luque asombra en Murcia

Salió a hombros con Rafaelillo, que también cuajo una tarde vibrante
Se lidiaron toros de José Luis Pereda, desiguales de juego y hechuras, escasos de fuerza, bastotes y descastados. Abrió plaza Rafaelillo, que atraviesa un gran momento debido a la experiencia acumulada en cada una de sus actuaciones en los cosos del sur de Francia. Inició la faena en los medios de rodillas con muletazos que fueron aplaudidos. Los naturales, largos y templados, fueron a más, toreó con aplomo, jugando la cintura, y se adornó con ambas manos, la pierna arqueada, gustándose. Pinchó en lo alto y cobró una estocada hasta la bola que le valió para pasear un apéndice justo.
Al cuarto toro, de aviesas intenciones, lo saludó con dos faroles de rodillas y media verónica. El de José Luis Pereda se frenaba y escarbaba en cada lance, justo de fuerzas, mostrando tendencia a rajarse: una perla. Valiente y vibrante, Rafa lo solucionó poniéndole la muleta en el hocico, y el manso tragó molinetes de rodillas rubricados con el de pecho, cruzado siempre para provocar la embestida. Cosido al morro, embebido en el engaño, lo domeñó con el público entregado. Antes de perfilarse se adornó, sonó un aviso, clavó el estoque de luna y se quedó con la empuñadura en la mano, paseando las dos orejas con todos los merecimientos por su ambición y progreso. La luna llena se somó por los tejadillos de la Condomina para no perderse la faena al quinto de la tarde.
Daniel Luque, hijo del chófer de Manolo Díaz El Cordobés, puso la plaza boca abajo con dos faenas distintas. En la primera lo llevó a los medios y ligó, con aplomo, series abrochadas con el de pecho. Ceñido y quieto, muy entregado, no pudo lucirse, pero estuvo en lidiador y mató en lo alto. El quinto toro derrotó en un burladero; cabeceó en el caballo con la cara alta, y Luque le hizo un quite, a piés juntos, muy aplaudido. Justo es citar el buen par de Juan Carlos de Alba.Desde el comienzo de faena, en un palmo de terreno, el diestro de Gerena bajó las manos y se ciñó en cada lance. Daniel Luque se coloca en el sitio justo, torea con una seguridad y empaque inusual, tiene el instinto natural de la colocación y somete a los toros con ambas manos, adelantando y ligando los engaños, rota la cintura, luciéndose con recortes, desplantes y trincheras memorables.
Toreo auténtico
La impresión fue tal que La Condomina se puso en pie, entregada al toreo auténtico y a la belleza que emana Daniel Luque, joven matador que ha compartido varios carteles con José Tomás y no se ha arredrado lo más mínimo.
El Cordobés hijo no parece estar dotado para el toreo, si bien recuerda a su padre en los andares. Carece de ideas, está como ausente, torea muy separado, retrasa la muleta, echa la pierna atrás, da pasos inconexos y esta más pendiente del callejón que del ruedo.