jueves, 16 de octubre de 2008

Una consulta al oráculo - 3 ( Relato por entregas de Antonio Pavón)


3

Nos encaminamos al lugar de costumbre. Alzando la voz a causa del ruido del tráfico, muy denso en esa hora punta, digo:

─Hoy no puedo quedarme mucho rato ─y soltamos una carcajada porque uno de los dos hace siempre ese mismo comentario u otro parecido.

“Rías Bajas” es, en opinión de mi compañero, una de las mejores marisquerías de Sevilla. Como somos habituales, conocemos a bastantes clientes y a todos los camareros. Aurelio saluda a éstos llamándolos por su nombre de pila.

Me dirijo a nuestro rincón favorito mientras mi amigo va a echar un vistazo a la vitrina frigorífica.

Vuelve radiante de su inspección y pregunta al camarero que se ha acercado para tomar nota:

─¿Cuándo han llegado?

─Esta mañana.

─¿Frescas?

─Fresquísimas.

─¿De Galicia o de Arcachón?

─¿Cómo? ─dice el camarero que, por la cara que pone, parece haber entendido porcachón.

Yo no estoy tampoco seguro de lo que ha dicho. Aurelio es un maestro en retruécanos.

Mi amigo mira sin parpadear al camarero, como si no tuviese ni idea de lo que está pasando. Luego fija sus ojos ahuevados en mí y dice:

─Pedimos media docena cada uno y una botella de vino blanco.

En dos bandejas de acero inoxidable nos traen las ostras, con medio limón en el centro. Aurelio hace un gesto de desagrado y masculla:

─Estos horteras no se acaban de enterar.

A continuación, alto y claro, le dice al camarero:

─¿Por qué no le ponéis también una ramita de perejil?

─¿Perejil?

─El limón es un adorno ─tercio yo.

─No, no ─explica el camarero─. Es para el marisco.

El vino del Condado no está lo bastante frío. Ése es otro de los atropellos que Aurelio no se cansa de denunciar.

─Algún día aprenderán ─sentencia.

─Eres un perfeccionista.

─Tú sabes cómo se comen las ostras, ¿verdad? ─dice cogiendo una y llevándosela a la nariz para olerla.

Asiente complacido y prosigue:

─Hay que masticarlas un poco, saborear su textura y tragarlas.

Tras realizar la consiguiente demostración, coloca la concha rugosa en la bandeja.

─Pero qué te voy a contar a ti, que eres un experto en bivalvos.
(continuará)